
¿Planeas montar una fiesta ochentera? Vas a necesitar unas cuantas chicas con los pechos al aire y borrachas de ponche, una piscina, camisetas mojadas, chaquetas con hombreras, peinados cardados, una bola de espejos, un asesino en serie y este disco sonando de fondo.
Night Rocker (evidente alusión a Knight Rider) fue el primero de ¡14 discos! grabados por el caído en desgracia David Hasselhoff. Nuestro héroe se bajó del coche fantástico ese mismo año y, ante el desolador panorama que tenía ante él en su faceta como actor, y probablemente acuciado por los gastos, decidió colgarse una guitarra y grabar este disco
David no tiene ningún pudor en regalarnos poesía a ritmo de rock-country.
Que os harán desear que el asesino en serie del que antes hablábamos se ponga en marcha y degüelle a su primera víctima (“Brian, ¿eres tú? Sal de ahí, Brian. No tiene gracia. ¿Brian? ¡BRIAN! ¡AAAAARGHHHH!”) para darle un poco de marcha a la velada. Y es que resulta complicado encontrar el ángulo por el que entrarle a este disco. Hay quien dice que en la simpleza está la belleza, pero todo tiene un límite. Si bien siempre hay que valorar el trabajo de una persona que intenta expresarse musicalmente, tampoco hay que perder la objetividad. Lo que es malo, es malo. Y esto, amigos, es rotundamente nefasto. Horteradas sensibleras como She Cried o No Words for Love, o chorradas felizonas como Do You Love Me o No Way to be in Love (con esos coros a lo Electric Light Orchestra pasados de vueltas) son ejemplos de un conjunto que a duras penas sirve para ambientar nuestra fiesta retro.
Hasselhoff intenta cantar aunque no tiene voz y a menudo se sale de tono. Intenta tocar la guitarra, aunque su labor es casi anecdótica, pues los músicos de estudio tras los teclados y el bajo suenan con mayor presencia, tal vez para enmascarar la torpeza a las seis cuerdas de su líder. Intenta escribir, pero, con un talento similar al de una patata de tamaño medio, sus letras resultan tan elementales que parecen escritas para clases de guardería. Al final, pese a que alabemos sus buenas intenciones (¿ganar algo de dinero tras el final de El Coche Fantástico?), no podemos obviar que estamos ante un disco soberanamente malo y más tedioso que una película costumbrista iraní. Te tenemos cierto cariño, David, pero no abuses de él. Tanto, tanto, no te queremos.
solo puedo decir.... POR DIOSSSS... ke se dedike a actuar ke tampoco lo hace tan mal como cantar...
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