
Nip/tuck se convirtió en unas de mis series favoritas. No es de las mejores que he visto, por muy paradójico que suene ya que el 65% de la serie se aleja demasiado de mis gustos. Pero Ryan Murphy consigue crear una serie que, como si de un paciente de McNamara y Troy se tratara, tiene muchos defectos que logra (a veces con más acierto que otras) esconder bajo una capa de lujo, sexo, polémica y silicona. Se trata de saber disfrutarla, y es disfrutable. Y mucho.
No es fácil hacerse una idea de esta serie. Su contenido no es para todos los gustos ni estómagos e incluso si crees haberlo visto todo, algunas ideas tratadas son las más duras que he visto en televisión, y son tratadas de forma frívola, distante, cruel. Porque nos encontramos en una serie capaz de explicar a sus espectadores la mejor manera de suicidarse, tratar la pena de muerte, las sectas, el nazismo, dejar impune a un gran número de asesinos y violadores y someter a algunos personajes a constantes degradaciones e insultos.
Lo que es evidente, es que la serie es de personajes. Esta frase, de la que hacen gala muchas series, se aplica a esta de forma perfecta. Sean McNamara es unos de los personaje que más ha evolucionado(desvolucionado entre comillas si aplicaríamos el concepto a una persona real) en toda la historia de la televisión. Uno ve el primer capítulo y después el último y se da cuenta del gran trabajo de los guionistas, así como el de un soberbio Dylan Walsh, cuyos compañeros suelen estar siempre a la altura. Lo mismo ocurre con la bella Kimber Henry, y el resto de personajes que quizás no sufren tanta evolución, pero nadie puede negar que Liz Cruz es una personaje fantástico, que The Carver (Carnicero en España) es terrorífico, ni que Nip/tuck tenga los mejores villanos de cualquier serie, aunque a veces la trama que gira en torno a ellos no esté a la altura.
Uno acaba Nip/tuck alegrándose de haber llegado al final y no puede hacer más que agradecer a Sean McNamara, Christian Troy, Julia McNamara, Liz Cruz, Kimber Henry, Gina Russo, Michelle Landau, Ava Moore, Megan O'Hara y hasta Escobar Gallardo por haber compartido cirugías, angustias, rencores, secretos, la cama, más secretos y todavía más secretos. Porque lo hicieron entre ellos, pero también con nosotros. Y fue un gustazo.
No es fácil hacerse una idea de esta serie. Su contenido no es para todos los gustos ni estómagos e incluso si crees haberlo visto todo, algunas ideas tratadas son las más duras que he visto en televisión, y son tratadas de forma frívola, distante, cruel. Porque nos encontramos en una serie capaz de explicar a sus espectadores la mejor manera de suicidarse, tratar la pena de muerte, las sectas, el nazismo, dejar impune a un gran número de asesinos y violadores y someter a algunos personajes a constantes degradaciones e insultos.
Lo que es evidente, es que la serie es de personajes. Esta frase, de la que hacen gala muchas series, se aplica a esta de forma perfecta. Sean McNamara es unos de los personaje que más ha evolucionado(desvolucionado entre comillas si aplicaríamos el concepto a una persona real) en toda la historia de la televisión. Uno ve el primer capítulo y después el último y se da cuenta del gran trabajo de los guionistas, así como el de un soberbio Dylan Walsh, cuyos compañeros suelen estar siempre a la altura. Lo mismo ocurre con la bella Kimber Henry, y el resto de personajes que quizás no sufren tanta evolución, pero nadie puede negar que Liz Cruz es una personaje fantástico, que The Carver (Carnicero en España) es terrorífico, ni que Nip/tuck tenga los mejores villanos de cualquier serie, aunque a veces la trama que gira en torno a ellos no esté a la altura.
Uno acaba Nip/tuck alegrándose de haber llegado al final y no puede hacer más que agradecer a Sean McNamara, Christian Troy, Julia McNamara, Liz Cruz, Kimber Henry, Gina Russo, Michelle Landau, Ava Moore, Megan O'Hara y hasta Escobar Gallardo por haber compartido cirugías, angustias, rencores, secretos, la cama, más secretos y todavía más secretos. Porque lo hicieron entre ellos, pero también con nosotros. Y fue un gustazo.
Después de tres temporadas impecables, Nip/tuck cojeo un poco en la cuarta temporada. Aunque los nuevos personajes seguían siendo geniales, se echa algo en falta. La sensación de que hay escenas, incluso capítulos de relleno es una constante que se acentuaen la quinta, que no logra tomar el vuelo y todo parece falso, de cartón. Siguieron apareciendo buenos personajes, como la odiosa y adorable a partes iguales Eden "Lolita" Lord, pero nada era lo mismo. Aunque se agradecía el sentido de humor (negro, negrísimo) y la autoparodia, la serie recorría a recursos ya vistos, y ni el final de temporada tenía la potencia de la primera, el impacto de la segunda y tercera ni el encanto de la cuarta. Sin embargo, una última temporada sirvió para reconducirlo todo y los personajes que aún no habían conocido su final encontraron uno que, aunque en la mayoría de casos triste, lograba colmar cualquier expectativa.
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