
Esta serie bebe de la inagotable fuente de Philip K. Dick, siendo una adaptación muy libre del relato Podemos recordarlo por usted al por mayor, y por otro de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? O quizá mejor debería decir que es adaptación libre de las también libres adaptaciones cinematográficas respectivas Desafio total y Blade Runner.
Consta de una sola temporada de veintidós episodios, de aproximadamente 40 minutos cada uno. La serie no caló en los espectadores y se canceló, cosa que no creo que nadie lamente demasiado a pesar de su excelente planteamiento.
La trama es más o menos la siguiente:
En una época en la que la contaminación parece haber causado estragos en el clima y el medio ambiente, el gobierno, de alcance mundial, funciona bajo los intereses de las seis corporaciones que han posibilitado la colonización de Marte y que ahora se encuentran agrupadas en algo denominado “El consorcio”. A David Hume, un detective del CPB (siglas en inglés de Oficina de Protección del Ciudadano, un cuerpo de policía con ínfulas), le asignan un nuevo compañero cuando el suyo es asesinado por un androide defectuoso. El nuevo compañero, Ian Farve, es un tipo racional, sensato, cabal, correcto, amable y educado hasta gritar “basta”; es tan perfecto en sus cualidades humanas que el espectador se percata al instante de que en realidad es un androide, pues ningún ser humano es tan humano.
La asignación de Farve como compañero de Hume es un misterio, ya que nadie parece haberla tramitado y sin duda no ha seguido los cauces habituales. Los indicios apuntan a la Oficina del Asesor, un organismo gubernamental por encima de la CPB que se ocupa de los casos de crímenes relacionados con el Consorcio. El asunto es que Farve es, además, el primero de los androides de clase alfa —los beta salen poco y los delta, los más primarios, son los que más juego dan en la serie, sufriendo de continuos malfuncionamientos.
Es curioso, si yo tuviera que empezar a denominar androides según su clase lo haría en el orden en que fueran apareciendo las tecnologías correspondientes, pero aquí han partido de la letra griega delta, han llegado a la beta y se han reservado a la clase alfa como aquella que será la siguiente —por narices, pues no quedan más letras griegas por delante— y tras la cual no habrá mejoras tecnológicas posibles. Y olé. Supongo que se trata de una licencia para que el espectador se sitúe en cada momento, mientras va cogiendo la postura en el sillón.
Y lo de la postura es importante porque esta no es la única licencia que se toman los guionistas, ni en la que más morro le echan, llegando en algunas situaciones a demostrar al espectador que se puede escribir un guión sin tener ni puta idea de lo que se está hablando. Los avezados espectadores veremos, durante el transcurso de los capítulos, cómo surgen conceptos un tanto extraños. Por ejemplo, en un capítulo en el que se trata el tema de los niños a la carta y libres de enfermedades, nos intentarán colar que las mejoras genéticas se realizan dentro del útero de la madre a un embrión por (sic) microcirugía. Y que o se hace al comienzo, hasta no sé cuántas semanas de gestación, o que ya hay que esperar hasta después del parto. En definitiva, sería como un diagnóstico preimplantatorio… pero postnatal… o algo así. Me lo expliquen. Pudiendo hacerlo bien, ¿por qué se complican, si para la trama lo “real” hubiera ido incluso mejor?
Si estamos atentos, escucharemos hablar también del gen que confiere carácter criminal al individuo, o incluso del que produce la inteligencia humana (toma ya, la facilidad que tienen algunos para mandar a tomar por culo lo que en filmaciones anteriores, como Gattaca se había tratado de un modo absolutamente elegante y preciso).
Y si estamos dotados de la tolerancia suficiente no apagaremos el ordenador cuando oigamos esta conversación (casi me sangran los oídos cuando lo escuche)
—Entonces, ¿son clones?
—Sí, son idénticos en todo excepto en el ADN.
Bueno, vamos a dejar a un lado los errores de bulto y vamos a intentar descifrar por qué la serie no engancha.
Para empezar, es lenta. La verdad es que todavía no comprendo cómo la han hicieron tan mal. Los capítulos son muy del estilo de los de las series típicas de la pareja policial (o del FBI, y no miro a nadie) en la que uno es el intuitivo y el otro el racional. Aparte de Expediente X , tenemos ejemplos como el de Alien Nation. Pero en estos casos funciona, porque los capítulos tienen algo, no sé, ritmo o algo así. En Desafío total 2070 no, esta estrategia no funciona.
Para colmo, el protagonista principal (me refiero sobre todo al actor, Michael Easton, aunque quizá el director y los guionistas tengan su parte de culpa) es absolutamente insufrible. Es el típico “intenso”, de teztuzo serio, que intenta ser mordaz y no sabe, que posa en todo momento… y que no puede cerrar la boca. Me refiero a que no la cierra físicamente, no a que sea rebelde o contestón. Es un tipo con un rictus de “soy la hostia de guapo e interesante” que mantiene durante horas y horas sus morritos entreabiertos. Si será malo el personaje que cuando no aparece él la serie mejora.
Hay que añadir que nos encontramos ante una falta de dinamismo que apenas tiene parangón con otras producciones televisivas. Habitualmente en las series de “resolver casos” nos dan una de cal y otra de arena, un capítulo (o dos) que entrarían dentro del arco argumental y a continuación dos o tres autoconclusivos, con casos individuales que si acaso sirven de ambientación; pero es que aquí lo han hecho mal, con una mezcla poco inteligente en la que lo importante, aquello de lo que se podría haber extraído bastante jugo, puede resultar nimio al final, y lo que de verdad debe tenerse en cuenta se pierde entre bostezo y bostezo. Creo que se debe principalmente a que no han sabido aprovechar el chollo argumental de la empresa Rekall, que proporciona a los usuarios del año 2070 todo lo relacionado con los procesos informáticos, incluyendo vacaciones virtuales en forma de recuerdos oníricos. En principio debería ser la fuente argumental principal, y parecía que iba a ser así, pero no. Al final la trama queda diluida y no se llega a ninguna parte por ese lado.
Por lo demás, ya he dicho que el planteamiento era muy bueno. Un desperdicio, realmente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario